El faro y la chimenea: un diálogo entre las torres de Eiffel y Shukhov

Texto compartido con Jaume Prat publicado previamente en Arquitectura entre Otras Soluciones

torre Shabolovka construida, torre de Eiffel, torre Shabolovka proyectada

La necesidad de altura en la historia viene marcada por dos motivos primarios a menudo interrelacionados. El primero de ellos es la representatividad. El segundo es la defensa. Incluso hay quien sitúa este afán de verticalidad como el origen de la arquitectura: el menhir. El levantarse del suelo. Mirar por encima. Configurar la materia de un modo artificioso y, por tanto, humano.

Sumado a este contexto hallamos una serie de tecnologías que requieren altura, aunque, hasta la Revolución Industrial y sus chimeneas, esta altura es poca y pocas veces fija una tipología que pudiésemos describir como una edificación en altura(1). Por ejemplo, los molinos o los depósitos de agua requieren altura para que la gravedad actúe.

Hay una tercera tipología de edificio en altura que aparece bastante rápido y se acaba comiendo todas las otras tipologías representativas de esta clase de edificios: nos referimos al faro. Un faro es una construcción lo más alta posible con una luz arriba de guía. Y esto resulta tan útil a los faros propiamente dichos como para cualquier construcción que requiera de un afán de representatividad que la levante del suelo: la altura y la luz arriba. Un rascacielos es un faro(2). La Estátua de la Libertad, con su luz de pega, es un faro. Incluso la Gran Pirámide egipcia tenía arriba de todo el piramidion, que era una pieza metálica que recogía la luz del sol y brillaba: un faro. Este afán se encuentra alrededor del mundo y en muchísimas culturas.

Un faro es panóptico. Emite información en forma de luz y la dispersa. La distribuye entre la gente que tiene una línea de visión neta. Pero un faro también puede actuar como un absorbente de información(3). Como un receptor, y en eso se basa también su afán de representatividad.

El último tercio del siglo XIX culmina la edad heroica de la Revolución Industrial. Es, o marca, en muchos aspectos, el fin de los pioneros. Su fin traumático será la Primera Guerra Mundial. Buena parte de los avances que marcarán el siglo siguiente(4) estarán allí y se extenderán poco. Su uso continuado y extensivo consolidará estos avances, que sólo evolucionarán de cara a fines operativos.

Las vanguardias sucesivas y el Movimiento Moderno se aprovecharán de este trabajo de los pioneros y le darán imagen. Voz. Y esto será, y no es casual, después de este cambio profundo que representa la Primera Guerra Mundial, que, sobre todo en el centro-este de Europa, llevará asociados cambios políticos profundísimos: la Revolución Soviética y la Revolución Espartaquista alemana.

En 1889 se está preparando una de las exposiciones universales tan en boga en esa época de pioneros donde tantas cosas se habían de enseñar y aprender(5). La del año anterior se había celebrado en Barcelona. Estas exposiciones representan un estado-de-las-cosas importante. Significan un estado de la tecnología, rápidamente cambiante, y significan un reto. Significan, políticamente, todo lo que se quiera significar, en una relación que implica lo que se quiere mostrar, los recursos para hacerlo, el lugar donde se coloca. A quién se invita.

Interior del Crystal Palace, diseñado para la Exposición Universal de Londres de 1851 por Joseph Paxton y Owen Jones, o la inauguración de la arquitectura del acero y el vidrio.
Interior del Crystal Palace, diseñado para la Exposición Universal de Londres de 1851 por Joseph Paxton y Owen Jones, o la inauguración de la arquitectura del acero y el vidrio.

En el caso de 1889: el Presidente de la (6) República Francesa es Marie-François Sadi-Carnot, de profesión ingeniero de puentes y caminos, formado en el fomento de la obra pública, disciplina en la que ha ejercido diversos cargos institucionales, entre ellos el ministerio. Francia, y, por extensión, o sobre todo, su capital, París, remarcan su papel de Metrópolis que controla un territorio colonial extendido por los cinco continentes. Uno de los factores de negocio importantes del país es la venta de inteligencia para dotar de infraestructuras tanto sus colonias como terceros países. Adicionalmente, Francia exporta mano de obra en forma de compañías constructoras, verdaderas multinacionales con miles de empleados.

En 1889 el ingeniero químico de formación Gustave Eiffel tiene 57 años, una edad venerable en la época(7). Su empresa Eiffel & Co. representa una de las puntas de lanza de esta Tercera República Francesa, habiendo construido en un mínimo de tres continentes. Obras tan importantes como el puente ferroviario(8) de Oporto ya han sido entregadas(9). Eiffel, pues, es el amo de una multinacional dedicada a la obra civil que necesita publicitar sus encargos. La dimensión de su empresa es tal que tiene unas implicaciones políticas importantes. Más teniendo en cuenta quién es el Presidente de la República. Eiffel, pues, es el escogido para significar la Exposición Universal. Para hacerlo propondrá la construcción más alta del mundo. Cinco años antes, en 1885, según los planos elaborados por el arquitecto Robert Mills treinta años antes, en 1855, se acaba en Washington el monumento que lleva el nombre del Fundador de la Patria. Tiene 170 metros de altura. Será, hasta la entrega de la Torre Eiffel, la construcción más alta de la Tierra. En 1886, tres años antes, el propio Eiffel se ha visto involucrado en un regalo que Francia ha hecho a los Estados Unidos: la Estatua de la Libertad(10), una escultura de Bartholdy soportada por una estructura calculada y construida por el propio Eiffel. Tiene 96 metros de altura.

Eiffel es francés. Por tanto es una cuestión de estado que la nueva construcción sea más alta. Mucho más alta. Hay muchas cosas en juego, entre ellas el prestigio de la propia Europa, que ha perdido el monopolio de las construcciones en altura. Eiffel no se contentará superando el monumento a Washington. Casi doblará su altura proponiendo una Torre de Mil Pies.

Estamos hablando de una construcción que tiene como objetivo principal conseguir altura. Celebrar la altura. Prestigiar la altura. Poner el número mil como atributo de una torre. La propuesta consistirá en una estructura completamente metálica ya probada en sus puentes. El principal problema con que se enfrenta el ingeniero es la acción del viento(11) sobre una estructura de casi 8000 toneladas(12). Por esto Eiffel pondrá a su oficina de investigación, comandada por Émile Nouguier, a trabajar. El ingeniero Maurice Koechlin la calculará, y el arquitecto Stephen Sauvestre dará las ideas definitivas sobre su aspecto y utilidad. Todos ellos son trabajadores de la firma, que no subcontratará personal para realizar la construcción. Por tanto, cuando se habla de la Torre Eiffel no se habla de una torre diseñada por Gustave Eiffel, sino de una torre diseñada por la compañía y por el equipo de Gustave Eiffel.  La solución final repartirá el peso entre cuatro pilonas simétricas de las que arrancan sendos arcos que se encuentran en el centro del a planta: si Eiffel hace puentes, cuatro de estos puentes plantados en el suelo equidistantes entre sí en los vértices de un cuadrado se arriostran mutuamente y prolongan su arco hasta los mil pies. La curvatura de los arcos sigue el algoritmo de una función exponencial. Cada pilona (cada puente, vaya) soporta una cuarta parte del peso, y, aun así, los cimientos requerirán hundirse treinta metros bajo el nivel del suelo. La torre se construirá en taller por módulos prefabricados de 5 metros(13) y será ensamblada en obra, ahorrándose el montaje del 60% de los roblones, el camino crítico para esta construcción, in situ.

En torno de la torre deberán aparecer una serie de inventos accesorios sin los que ésta no podrá funcionar, como los ascensores(14) de dos pisos inclinados, desarrollados por la propia empresa mediante tecnología hidráulica.

La torre no es un modelo a seriar. Es un monumento. Un faro que ilumina el cielo de París para convertirla en la Ciudad de la Luz. El faro que celebra la entrada al siglo XX. La Torre Eiffel está construida, pues, exactamente con el mismo espíritu con que los Hombres de las Cavernas plantaron menhires en el suelo: es un posicionamiento. Un aquí y ahora. Un Origen de la arquitectura. Toda una refundación.

Se construye en un espacio emblemático para la Revolución Francesa y, por tanto, para la República: el Campo de Marte, un espacio fuertemente jerarquizado, extendido entre la Escuela Militar y la plaza de Fontenoy hasta la colina del Trocadero, al otro lado del rio, que, en tiempos de la construcción de la Torre, contenía el palacio del mismo nombre, que para otra exposición significativa, la de 1937, fue sustituido por el Palacio de Chaillot, que conservó parcialmente la estructura anterior. La anchura del tramo central del de Marte marcará la obertura de los arcos de la torre. Su singularidad se debe también a este contexto urbano: situada a la orilla del rio, canalizando las miradas al igual que las avenidas haussmanianas, se impone por su altura a referentes históricos como la cúpula del Palacio de los Inválidos o las torres de la Catedral. Un referente todavía sin desafiar a más de un siglo de su construcción(15).

Adicionalmente, los trescientos metros de altura acabarán por arrastrar rápidamente toda una serie de funciones inéditas en el momento de su construcción(16). Los militares franceses le van a echar el ojo y la torre terminará convirtiéndose en una de las primeras Torres de Telecomunicación del mundo. En los años 30, cuando es objeto de la primera reforma realmente importante, se instala la antena de radio de casi treinta metros que le da su aspecto actual(17).

El 30 de julio de 1919, el mismo año que Vadimir Tatlin construía la maqueta de la que sería la máxima y más conocida representación arquitectónica de la Revolución Soviética, el ingeniero Vladimir Shukhov recibía el encargo, directamente por un decreto de Lenin, de proyectar la torre de radiocomunicación en Moscú. Una torre para trasmitir los mensajes de la Revolución y contribuir al cambio de la sociedad. El autor de una de las pocas realizaciones de la flamante época constructivista no pertenecía a las nuevas generaciones de arquitectos soviéticos. No compartía la fiebre por cambiar las formas representativas ni por trasmitir mensajes ideológicos. De hecho veía su obra como puramente funcional y, tras la Revolución, contaba con que la reconstrucción(18) necesitaría sus conocimientos técnicos. “Hemos de trabajar independientemente de la política. Edificios, depósitos, calderas, tuberías. Somos necesarios”, decía en aquellos años. Provenía de una familia acomodada y educada de la provincia de Kursk y, ya de muy joven, hablaba fluidamente alemán, inglés y francés. Sus pasiones eran el conocimiento, la ciencia y la invención pura: en la escuela lo tenían por genio en matemáticas y geometría y se dedicó a la carrera de ingeniería aplicada a la construcción y a la industria para contribuir al desarrollo y prosperidad de Rusia. Más que revolucionario, Shukhov era patriota.

En el momento de inaugurar la torre, en 1922, Shukhov tenía 69 años y la mayoría de sus grandes obras ya habían sido realizadas bajo el antiguo régimen. Al mundo de arquitectura dejó el invento revolucionario de construir las superficies de doble curvatura(19) con elementos rígidos: viguetas de acero dispuestas en diagonal. Lo patentó en 1896 en las obras para la Exposición de Toda Rusia en Nizhni Novgorod: en la torre de aguas con la primera estructura vertical en forma de hiperboloide y en cubiertas tensadas para los pabellones expositivos. Son cáscaras finas que se reducen a un mínimo de elementos constructivos y se cierran con vidrio o se dejan abiertas, como en el caso de las torres. Unas 200 de estas estructuras verticales fueron construidas según diseño de Shukhov por todo el Imperio Ruso y en el exterior, de ellas unas 40 en la Unión Soviética posrevolucionaria. Shukhov diseño o supervisó alrededor de 500 puentes, pero su mayor impacto mediático vino con sus proyectos más conocidos: la cubierta para el centro comercial GUM en la plaza Roja de Moscú, de 1894, y las cubiertas para el museo Pushkin (1898–1912), para el Pasaje Petrovka (1903-1906), para la oficina central de Correos de Moscú (1912) o para la estación de trenes Kiyevskiy de Moscú (1912-1917).

Las torres de forma hiperboloide fueron en general objetos industriales y se calcularon para optimizar el uso de acero, sobre todo en los años de la Revolución y la posterior Guerra Civil en el territorio Soviético.

La más conocida de ellas, la torre Shabolovka, ubicada en Moscú, fue originalmente planeada para una altura de aproximadamente 350 metros con tan sólo un tercio del peso de la Torre Eiffel, a la que sobrepasaba en unos 20m. La torre se componía de 9 segmentos de forma hiperboloide, con el círculo inferior más grande que el superior, de manera que, montados unos sobre otros, acababan componiendo una forma cónica. El sistema fue un desarrollo de una primera torre de dos hiperboloides superpuestos, diseñados en 1911 para la torre de aguas en Yaroslavl. Al recibir el encargo, Shukhov, en muy poco tiempo, calculó torres de diferentes dimensiones, desde 175 hasta 350m, construidas de secciones de 25m. La más grande consistiría de 12.000 piezas y tendría un peso de 2200 toneladas, una cantidad de acero inasumible para la nueva capital Soviética en tiempos de guerra civil.

El proyecto definitivo acabó en 150m, en 6 secciones de 25m y unos 12m de soportes para antenas y banderas instalados posteriormente. Su fundamento es un anillo(20) de hormigón de 40m de diámetro y 3m de profundidad. El equilibrio, el descenso de cargas del peso de la torre y su comportamiento ante el viento hacen que se pueda soportar con tan sólo unos cimientos superficiales. La construcción empezó en agosto de 1919 y tenía que terminar en ocho meses, suponiendo un trabajo sin interrupciones en las duras condiciones de invierno moscovita. En octubre, a petición personal de Lenin, empezó a llegar acero proveniente de reservas militares, de muy variada calidad y en cantidad escasa, según explica Shukhov en su diario. El diseño de la torre fue adaptado a la situación, aligerando al máximo la estructura: las vigas circulares –las bases de los hiperboloides- se componen de dos perfiles L 100x100x10 separados por unos 30cm y unidos en una estructura triangular para disminuir su peso y dimensión; las viguetas rectas diagonales son dos perfiles UPN140 unidos puntualmente por remaches y las horizontales, de perfiles UPN 100. Ciertamente, con el peso total de sólo 240t, la torre juega con la inmaterialidad de unos elementos constructivos muy finos en comparación con su altura y su resistencia.

Se construyó sin andamios ni grúas: sus elementos fueron ensamblados en tierra y elevados mediante sistema de cables en el interior de la construcción. De esta manera la obra tampoco ocupaba mucho espacio alrededor, ya que Shabolovka –su nombre es derivado de su dirección: calle Shabolovka 37-  se emplaza en una zona residencial e inaccesible para el público. El proceso de la construcción no fue tan rápido como exigían las autoridades: un accidente fatídico ocurrido el 29 de junio de 1921 resultó en la caída del cuarto hiperboloide aunque, por suerte, sin demasiados daños materiales ni víctimas. Aunque la comisión estableció que el proyecto no tuvo deficiencias, su autor fue sometido a repetidos exámenes y presiones; a finales de julio de 1921 incluso fue sentenciado a ejecución por sabotaje. No se conoce como terminó este proceso pero Shukhov fue absuelto de las acusaciones y la torre empezó a emitir programas de radio el 19 de marzo de 1922. Desde entonces la torre Shabolovka se convirtió en uno de los símbolos del progreso del nuevo estado. Se convirtió en inspiración para poemas y literatura de ciencia ficción(21), aparecía en carteles propagandísticos y sellos postales.

Shukov construyó varias torres más basadas en este sistema, las más conocidas de las cuales son las 6 estructuras de la línea de alta tensión que sigue el río Oka en Siberia, de las cuales sólo se conserva una. Además colaboró con Konstantin Mélnikov en dos de sus garajes en Moscú y reconstruyó varios puentes por todo el país. En 1932 realizó su último trabajo: la estabilización del minarete de la Madraza de Ulugh-Beg de Samarkanda, en Uzbekistán, una estructura medieval en peligro de colapso por un terremoto. Fue premiado en varias ocasiones por su trabajo. Destaca el Premio Lenin de 1929 y la distinción del Héroe de Trabajo en 1932. Aun así, vivió los últimos años de su vida fuera de la profesión, preocupado por las persecuciones estalinistas y el futuro de sus hijos, que en la Revolución lucharon en el bando de los Blancos. Él mismo tuvo, antes de la revolución, contactos con los Estados Unidos, e incluso posteriormente recibió alguna importante oferta de trabajo que rechazó creyéndose más útil en la nueva Unión Soviética. Murió en 1939 como consecuencia de las quemaduras en un incendio fortuito de su vivienda provocado por una vela caída mientras trabajaba de noche…

En la nueva cultura soviética toda la construcción tenía una función añadida: la del significado social. Se abolieron las diferencias entre la arquitectura y la construcción, de manera que las obras industriales o técnicas eran también símbolos del estado, al igual que palacios de cultura o sedes administrativas. Paralelamente, con la construcción de la torre Shabolovka, se definían  los principios de Constructivismo que abolía el arte, suma de diversas disciplinas como tectónica, factura y construcción, llamando a la superación de la dualidad entre lo puro y lo aplicado: arte puro y arte aplicado, ciencia pura y aplicada, etc.

La obra de Shukhov era sin duda inspiradora de este pensamiento. Pertenecía a una cultura de carácter horizontal que construía formas sin jerarquías, aplicando los mismos elementos constructivos en museos, estaciones, garajes y torres de aguas. Una cultura propia de aquel momento utópico revolucionario que buscaba tipologías antes que monumentos, modelos antes que individualidades y experimentaba contra toda tradición. Un momento cultural irrepetible, no sólo en la URSS. En su libro “Constructivismo”, publicado en 1922, Aleksei Gan decía: “Es necesario que aprendamos a construir de manera que la dinámica del objeto producido no sea una dinámica abstracta e ilusoria, desde el punto de vista de la impresión visual, sino la auténtica dinámica del movimiento concreto. ¿Qué significa esto? Significa que si hoy el comunismo requiere un edificio, se debe construir sin olvidar que mañana exigirá una nueva forma y que ésta deberá adaptarse de manera que la forma anterior no sea suprimida sino que pueda ser completada y que ésta, a su vez, pueda acomodarse a una exigencia posterior.”

La verticalidad de la Torre Eiffel, en cambio, no es tan sólo formal. Es programática. Es simbólica. El arquitecto Sauvestre, al convertir las estructuras horizontales necesarias para conectar los cuatro pilares de la torre en plataformas de actividad, jerarquiza fuertemente la construcción proponiendo el protoesquema que más tarde seguirán casi todas las torres en altura que construirá el capitalismo: poderosos, dirigentes, ricos arriba, las bases en los primeros pisos. Rasgo que se mantiene incluso hoy en día al ubicar el restaurante caro y estrellado por la Guía Michelin en el piso superior del más popular. Su maniobra no busca tanto revolucionar la arquitectura como mostrar la capacidad casi ilimitada de soporte de las estructuras. Exhibir músculo. Demostrar que se puede hacer. Y si ese poder necesita revestirse con piedra y un barniz clásico se acepta sin manías. La intención estética con que se realiza la torre es la de maquillar una estructura pelada para una exhibición. No, como el caso de Shukhov, dignificar una estructura permanente al servicio de la Revolución. No sabríamos qué se habría planteado Eiffel de saber que su torre seguiría en pie casi un siglo y medio más tarde. Nuestra mirada a esta torre (como a la de Shukhov) es contemporánea, y eso conlleva otorgarle, gracias a nuestra perspectiva histórica, un barniz revolucionario que la construcción no quiso tener jamás: Eiffel no podía llegar a plantearse rascacielos de cristal expresados a través de su estructura. Shukhov, gran admirador de Eiffel, sí. El diálogo entre las dos estructuras permite reflexionar sobre el papel de la estructura en la expresión de una construcción y la trascendencia de la estética así creada. Lo que lo convierte en plenamente vigente hoy en día.

 

(1) Donde el eje Z tiene un predominio marcado respecto de los otros dos.

(2) Actualmente la mayoría lo son literalmente, ya que han de estar dotados por normativa de una luz piloto que impida la colisión de los aviones que vuelan bajo.

(3) Y las torres de defensa, una de las tipologías primigenias en altura, entrarían aquí.

(4) Hasta la llegada de los ordenadores en la Segunda Guerra Mundial.

(5) Tradición inaugurada en 1851 con la de Londres, para la que se construye el Crystal Palace.

(6) Tercera.

(7) Eiffel vivirá hasta una edad avanzadísima y no dejará jamás de trabajar. Morirá a los 91 años.

(8) No confundir con aquél para coches, peatones y, ahora, metro que está en el centro de la ciudad, proyectado y construido por Théophile Seyrig.

(9) También, casi veinte años antes, el pequeño puente sobre el Onyar en Gerona.

(10) Tanto el Monumento a Washington, con su piramidión de aluminio, como la Estatua, son faros.

(11) Eiffel acabará su vida realizando estudios de aerodinámica, y su empresa construirá uno de los primeros túneles de viento documentados. La construcción y el perfeccionamiento de las hélices realizadas por su firma serán claves para el desarrollo de la industria de la aviación.

(12) 10000 con todas las cargas de uso.

(13) Por la cosa del transporte.

(14) El invento clave para el desarrollo de los edificios en altura, inventado por Elisha Otis, que también creó la marca, presentada en la Exposición de Nueva York de 1854. Bien, Otis no inventa el ascensor. Inventa el mecanismo de freno que lo hace seguro y viable para ser instalado en edificios en altura.

(15) El tabú de la altura de la Torre Eiffel todavía pervive. Dos hoteles diseñados por Foster & Partners, ubicados en la Défense, ubicada lejos del centro para poder disponer edificios altos, están parados precisamente por este motivo.

(16) Exactamente igual que la construcción en forma de retícula no se produce para poner cloacas pero se adapta muy rápidamente a esta función.

(17) Y casi toda la altura que Eiffel quería. En efecto, la torre no se acaba construyendo de trescientos treinta metros, sino de trescientos metros pelados por una oposición vecinal que, no se sabe por qué motivo, le tima esta altura adicional.

(18) Tras el periodo revolucionario y de guerras civiles que dejaron el país seriamente afectado.

(19) Superficies regladas fácilmente armables, encofrables, construibles mediante elementos totalmente rectos y, por tanto, trabajados tal y como salen del taller!

(20) Una zapata corrida.

(21) El hiperboloide del ingeniero Garin, de Alexei Tolstoi.

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