Postmodernismo socialista: Pyongyang, Astana, Ashgabat

Este texto forma parte del artículo compartido con el profesor Charles K. Armstrong, publicado en el número especial de la revista Tiempo Devorado de la UAB.

La arquitectura desarrollada en la época de la posguerra fría en los antiguos países socialistas se relaciona con el postmodernismo occidental en diferentes niveles: la búsqueda por la expresión identitaria, relaciones con la arquitectura nacional tradicional o con el legado neoclásico de las épocas pre revolucionarias, por una mezcla libre de las influencias, en ocasiones próxima al kitsch, pero en todos momentos alejada de los principios y de las apariencias de la arquitectura del modernismo socialista. Este artículo da cuenta de las múltiples relaciones y paralelismos que se pueden establecer a nivel conceptual entre el realismo socialista y el postmodernismo, a pesar de que en la historia los separan al menos 30 años. Entre ellos destaca la elección racional de los motivos e influencias históricas vinculada a la cierta narrativa que la obra arquitectónica pretende trasmitir. La visión de la arquitectura como signo es el punto en común más importante que separa estas dos maneras de proyectar del funcionalismo de la arquitectura modernista. La diferencia más destacable entre el realismo socialista y el postmodernismo reside en la obertura y amplitud de interpretaciones inherentes a las obras: mientras en el postmodernismo la multiplicidad de los significados es buscada, en el realismo socialista el significado es presuntamente controlado y reducido a la doctrina ideológica. Esto, sin embargo, a la larga no tiene que ser una característica tan fija y con el paso del tiempo la arquitectura heredada en los países ex socialistas empieza a tener nuevos matices interpretativos.

El boom constructivo relacionado con el 70 cumpleaños de Kim Il Sung de 1982 marcó un punto culminante de la arquitectura que utilizaba ampliamente los elementos de la arquitectura tradicional, sobre todo las formas y motivos de las típicas cubiertas hapkak con sus tejas verdes y sus subestructuras de madera prefabricadas para adaptarlas a la construcción en hormigón. Las obras posteriores presentaban cada vez menos explícitamente las referencias nacionales que se resumían en detalles, a veces casi artificialmente añadidos encima de las formas modernas. Los ejemplos más claros de esta tendencia modernizadora fueron los seis pabellones que forman el recinto de la Exposición permanente de las Tres Revoluciones (la ideológica, la tecnológica y la social) construido en 1992. Se trata de edificios próximos a la arquitectura brutalista, de geometría abstracta –excepto el pabellón de electrónica que reproduce la esfera del planeta Saturno.

Los elementos nacionales, seleccionados del pasado nacional según su “progresividad” o “norcoreaneidad” procedían, presuntamente, de las lejanas épocas históricas cuando, como en los reinos de Koryo o Koguryo, la capital de la nación estaba situado al lado norte. A pesar de ser los elementos inexcusables de la forma arquitectónica, en los años 90, su presencia era muy reducida y los arquitectos cada vez más daban cuenta del mandato de Kim Jong Il de buscar nuevas e imaginativas soluciones en respuesta a las necesidades sociales y representativas. El pabellón de Kimilsunguias y Kimjongilias construido en 2002 da cuenta de ello, tratándose de una estructura escalonada, con grandes superficies inclinadas acabadas en vidrio azulado, con el cambio de material entre el vidrio y el despiece de la piedra como los únicos elementos decorativos. Si bien se puede argumentar alguna reminiscencia a la cubierta tradicional en los planos inclinados del pabellón, ésta parece demasiado abstracta y el elemento que domina es la modernidad de las grandes superficies de vidrio.

La arquitectura de vidrio tenía hasta hace poco el máximo representante en el gran volumen del hotel Yanggakdo de la isla Yanggak inaugurado en 1995 que precedió el famoso hotel Ryugyong en ser el rascacielos –acabado- más alto y más moderno de la ciudad. Con estos edificios Pyongyang tomó parte en la carrera de alturas muy presente en los países del oriente lejano y medio que también se ha extendido al espacio exsoviético como marca de modernidad de su nueva identidad. Los dos rascacielos y el pabellón de Kimilsungias, más que otras construcciones de la década de los 90, son comparables a un postmodernismo post socialista que buscaba su vínculo con la modernidad internacional a través de formas y estructuras tecnológicas, siguiendo la corriente high-tech del postmodernismo occidental. El excesivo uso del vidrio, en principio reflectante, la estructura visible de acero, acabados y detalles de aluminio y, sobre todo, unas formas extravagantes y arriesgadas, son elementos que resumen esta arquitectura.

El desarrollo urbanístico en el nuevo milenio y, sobre todo el boom constructivo relacionado con las celebraciones del centenario de nacimiento de Kim Il Sung en 2012, muestran un paso más en la modernización de las formas. Sin embargo las maneras de hacer y los eslóganes relacionados con la construcción seguían el inmovilismo de las formas nacionales y contenido socialista aunque con resultados comparables con otros países ex socialistas. Al igual que las anteriores celebraciones del cumpleaños de Kim Il Sung, esta iba acompañada con la inauguración de varios complejos residenciales, culturales o deportivos. Entre ellos destacan las manzanas alrededor de la Avenida Changjeon en proximidades del gran monumento a los líderes en la colina Mansu. Los rascacielos residenciales de hasta 40 plantas son una versión moderna de las torres en la avenida Kwangbok, con más cristal i aluminio que cambia considerablemente el perfil de la ciudad simulando una especie de la city de Pyongyang. En la misma zona, el nuevo teatro de drama reinterpreta en clave moderna y abstracta la complicada cubierta tradicional con los voladizos curvados, mientras la tradicional teja verde es recordada mediante la iluminación decorativa.

Al igual que su padre y abuelo, Kim Jong Un ha continuado siguiendo muy de cerca las obras de construcción importantes, ofreciendo sus opiniones y directrices sobre cómo deberían proseguir. Durante su visita a la obra de reforma del aeropuerto Sunan de Pyongyang, presidente reflejó sobre el diseño: “El aeropuerto debería mantener la imagen del aeropuerto de un país socialista, en su contenido y el estilo arquitectónico que sigue las exigencias de su capacidad de acomodación porque tendrá que ofrecer servicio aéreo tanto para el territorio nacional como internacional”. La renovación del aeropuerto principal del país se inscribe en un amplio movimiento de embellecimiento de las ciudades siguiendo la ley de 2013 que exige la reparación de fachadas y ordenación de los espacios públicos, junto con la cantidad de los nuevos espacios para el ocio, deportes y consumo. A este movimiento pertenece la renovación del Zoo central o la extensa reforma del lugar ocupado por el Cuartel Supremo del Ejercito Popular durante la Guerra de Corea que incluye un nuevo Museo de la Revolución, una escuela primaria y amplios parques memoriales.

Aunque no fuera la primera obra extranjera en Corea del Norte, el recién aprobado proyecto para el nuevo aeropuerto de Wonsan adjudicado al equipo Karolis Kazlauskas & PLT Planning & Architecture, Ltd. basado en Hong Kong, es un precedente dado que se trata de un equipamiento de importancia estratégica. Las formas propuestas, de vocación claramente moderna con el fin de situar Wonsan y Corea del Norte en el mapa de la modernidad internacional, son inspiradas en la tradición nacional. Tal y como especificaba el tratado de arquitectura de Kim Jong Il y, más aún el discurso de Kim Il Sung de 1978, el diseño de la zona turística de Wonsan tenía que ser el escaparate de la cultura nacional. Así la forma del moderno aeropuerto, su estructura y detalles se inspiran, según sus autores en los tambores nacionales utilizados en ambas Coreas.

Estos últimos proyectos, junto con el cambio de imagen de las ciudades guardan una similitud conceptual con las nuevas capitales de los estados postsoviéticos, especialmente con Astana y Ashgabat. Astana (significando “capital” en la lengua Kazakha), nombrada en 1997 la nueva capital de Kazakhstan para sustituir a Almaty, capital de la antigua república soviética, se desarrolló aparentemente desde la nada en el territorio de la ciudad antigua de Aqmola, conocida en los tiempos soviéticos como Tselinograd. Similar a Pyongyang o a Ashgabat, capital renovada de Turkmenistán, Astana es la ciudad modelo para la nación, promovida especialmente desde la imaginación del presidente de la república, Nursultan Nazarbayev para crear una nueva identidad post-soviética. “En lo que se refiere a mi opinión sobre la arquitectura soviética, diré que cada época deja sus creaciones. Algunas de ellas viven para siempre y otras no aguantan el paso del tiempo, rápidamente se convierten en moralmente obsoletas o físicamente desgastadas”. (2010)

El nivel de inversión en la nueva construcción es también comparable, proporcionalmente, con el esfuerzo que ha empleado Corea del Norte para crear su ciudad escaparate en Pyongyang. Aunque el plan general de la ciudad fue concebido por el conocido arquitecto del brutalismo japonés, Kisho Kurokawa, el esquema general ha sufrido cambios en su implementación definitiva, permitiendo que en Astana se mantuvieran zonas con desarrollo muy irregular.

El nuevo centro neurálgico y simbólico del estado de Kazakhstan se ubica en una zona lineal de poco más de 3km de largo que se extiende entre las dos obras del arquitecto Británico Norman Foster: La Pirámide de la Paz y Reconciliación inaugurada en 2006 y la carpa Khan Shatyr, inaugurado en 2010 como centro de ocio. La carpa hace referencia a la arquitectura tradicional de las carpas y iurtas nómadas de esta región. Las formas nacionales se emplearon puntualmente en los edificios de forma moderna y acabados relucientes de aluminio y vidrio reflectante, hasta de color dorado. Sin embargo, el máximo representante de una nueva arquitectura nacional es el Palacio Presidencial de 2004 con su tradicional cúpula azul colocada sobre una base neoclasicista, aparte de la torre central llamada Bayterek inaugurada en 1997 con una altura de 105m. La torre es principalmente un mirador, con la forma vinculada a una legenda nacional sobre el árbol que guarda un huevo dorado del pájaro llamado Samruk.

La arquitectura historicista, reminiscente a las obras de Michael Graves de los años 80 fue utilizada para resaltar el carácter Kazakho de la nueva capital, para sobreponerse a sus restos soviéticos y para insistir en un carácter Euroasiático como respuesta a la multinacionalidad del estado. Esto es sobre todo perceptible en los diferentes complejos residenciales de lujo como por ejemplo el “Lazurny Kvartal” de 2011 que emplea una decoración dorada presuntamente nacional sobre el vidrio azul reflectante, en el nuevo Centro de Conciertos diseñado por el estudio de Manfredi Nicoletti en 2009  o en el Palacio de la Creatividad, Shabyt, un imponente edificio circular con cubierta cóncava. La nueva Astana se apropia también de algunas formas espectaculares de la época soviética, representadas en el rascacielos de Tryumph Astana, una réplica de las famosas torres estalinistas de Moscú o en la sede nacional de la compañía de  Gas, una versión historicista entre el proyecto no realizado de los hermanos Vesnin para el ministerio de trabajo de Moscú de 1934 y el edificio Gosprom de Kharkov de los arquitectos Serafimov, Kravets y Felger de 1928.

Similar a muchos otros países post-socialistas, la nueva arquitectura desarrollada en Ashgabat principalmente con el impulso del primer presidente, Saparmurat Niyazov buscaba referentes nacionales enraizados en la historia lejana para definir la nueva identidad nacional alejada de los tópicos de la arquitectura soviética. El culto a la personalidad del presidente ha sido el factor unificador para todos los aspectos ideológicos del nuevo Turkmenistan, haciendo el nombre y la figura del Turkmenbashi omnipresente en todas las ciudades y pueblos del país. Con las innumerables calles y plazas denominadas por su nombre o los miembros de su familia, instituciones estatales, ciudades, pueblos, montañas, incluso alguna estrella y los meses del año, el paternalismo físico y espacial del líder supremo de  Turkmenistan sobrepasa de lejos a la presencia de retratos de Kim Il Sung y Kim Jong Il en el espacio público de Corea del Norte.

La renovación de la capital empezó con la construcción del palacio presidencial, el Palacio Oguzkhan, inaugurado en 1997 que sirvió de residencia y lugar de trabajo de Saparmurat Niyazov hasta su muerte en 2006, algo parecido a la función que para Kim Il Sung tenía el palacio Kumsusan. El nuevo centro representativo se desarrolla en avenidas con sucesión de pavimentos, zonas verdes y fuentes, con el diseño total del espacio público, una actualización de las avenidas construidas en Pyongyang de los años 80.  El palacio presidencial fue reformado y ampliado en 2011 según mandato del nuevo presidente Gurbanguly Berdimuhamedov, añadiendo al edificio del Gran Hotel de aspecto similar como contrapunto simétrico al otro lado de la plaza y con el Palacio Ruhyyet para eventos especiales de altísimo nivel en el extremo sureste. Todos los palacios comparten las formas: una base de columnas de inspiración neoclásica y las cúpulas doradas, azules o con decoración como elementos tradicionales que dominan al paisaje urbano.

También la multitud de monumentos y estatuas, enfocan las vistas en la ciudad: empezando por el Arco de la Neutralidad – un trípode de mármol inspirado en los tres principios nacionales promovido en el gran libro del Turkmenbashi llamado Ruhknama y coronado con la estatua dorada del padre de la nación que gira siguiendo al Sol; El monumento a la independencia de 91m de altura para simbolizar al año de la independencia; o quizás el más auténtico: el enorme réplica del libro Rukhnama, (El Libro del Alma) que se abre y reproduce pasajes selectos en forma de videos.

La aquitectura cada vez más presente en el perfil de Ashgabat prescinde de la saturación con motivos tradicionales, limitándose a los detalles muy significativos como son la estrella de Oguz Khan, el perfil dorado de Turkmenbashi o las espigas de trigo. Los nuevos edificios buscan el impacto visual a través de materiales: Ashgabat fue incluida en el libro de récords de Guiness como la ciudad con más mármol en sus fachadas. Como en las nuevas construcciones de Pyongyang, grandes superficies de vidrio colorado o reflectante con perfilería de aluminio o acero dominan los edificios como el Hotel Yyldyz de más de 100m de 2013, el ministerio de Sanidad de 2006 o diversos edificios residenciales. La nueva arquitectura Turkmena busca la espectacularidad: el Palacio de Matrimonios con la gran estrella tradicional que encierra un globo terráqueo, Älem Centro de cultura y ocio o la Torre Turkmenistan, de telecomunicaciones y observatorio, todos construidos entre 2011 y 2012 mezclando los elementos de sensibilidad tradicional con gran escala, materiales y tecnología moderna. A pesar de tener poca variedad en significados y posibles interpretaciones, estas obras de arquitectura pertenecen a una postmodernidad específica, ideológicamente dominada y siempre atribuida al genio creador del Líder de la Nación.

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